viernes 2 de marzo de 2012

Las alas homicidas

Para el Armenio, creador del mejor de todos los universos

I

Todavía dolían esos músculos que están debajo de los gemelos. Esa parte anónima de la pierna solo duele después de un partido en cancha dura o cuando uno garcha de parado a la salida de un baile en el que bailaste todos los éxitos de Combo Camaguey. Pero no, no era por coger ni por bailar ese dolor sino por el partido de la tarde contra el Huracan Hermenegildo en cancha de ellos. Partido trabado, fundamentalmente por lo brusco del juego de los volantes rivales, por la cancha llena de pedregullo y por la humedad de esa tarde de octubre. Cuando terminó el primer tiempo se me arrimó el técnico. Pensé que venía alguna indicación sobre mi lugar en la cancha, una jugada específica o la forma de anular al Aguja, el enganche de ellos, que de noche era travesti en la barra uruguaya. Pero no, se acercó, se limpió el sudor de la nuca con la funda del celular y me dijo, Carlitos, hoy vamos a la Sociedad no? Parece que toca una charanga de Melo que cuando va se llena de minas.

II

Me estaba quedando en el Hotel Sucessos, a unas cuadras del centro del Chui, del lado brasuca. Cuando llegué del partido me estaba esperando la piba que cambia las toallas, una morenita de 13 años que se llamaba Irene. Ya me la había garchado un par de veces, pero solo por el culo. Quería evitar dejarla embarazada, sobre todo porque el padre era un tipo vinculado a los matones del Free Shop Delicia, de los más complicados de la zona. Se comentaba que el año pasado a la piba se le ocurrió tener un novio, un jovencito uruguayo que vendía casettes en la principal, y que al poco tiempo apareció flotando en el canal Andreoni con un palo de escoba en el culo. Hoy no Irene, me cagaron a patadas, me quiero pegar un baño y dormir una siestita antes de ir a la Sociedad. Al final insistió tanto que dejé que me hiciera una mema mientras me bañaba. Una camisita de jean, un vaquerito blanco, mocasines blancos, una cadenita dorada en el cuello que se mezclaba entre los pelos del pecho que me dejé para afuera de la camisa, un poco de Pino Silvestre. Acá en el Chui lo vendían a la mitad. Desde que debuté en el Salus en el 83 que uso Pino Silvestre, cuando no me daba la plata para comprarlo, me compraba uno de Nuvó que era igualito.

III

El dolor de gambas se me fue con el primer Chanceller que me tomé en la Sociedad. Los muchachos se habían comprado una botella de Jhonny negro trucho para festejar el triunfo. Todos sabíamos que si no picaba nada en el baile terminábamos la noche en Feijao Fucsia, el quilombo del dueño del club. Estábamos riéndonos de unos trolos que bailaban sensualmente en la pista para impresionarnos. Cada tanto les sacábamos la cabecita de la pija por la bragueta y pegaban unos gritos de excitación realmente graciosos. Hasta que los trolos quedaron por algún acto mágico fuera de foco y el plano se centró en una negra de casi 2 metros, con tremendo lomo poco contenido en un vestido blanco que quería explotar dejando salir culo y tetas para todos lados. Les llamé la atención sobre la negra y todos me advirtieron que no lo intentara. Les pregunté la razón y no me dijeron nada. No les di bola y me fui a bailar con ella. Bailaba como los dioses, y me dejaba que le apoyara la mano en la parte superior de la nalga como un vaso de whisky en una mesa. Los muchachos me miraban. Ya vengo, le dije a la morena, no te me vayas. Les pregunté la razón de su advertencia y nada. Baila bien, les dije. Les pregunté por el aliento, por si era trolo, por si le faltaba una pierna, por si estaba loca, y me dijeron que no, que nada de eso. Me cansé de tanto misterio que me sonaba a envidia. Bailé tres temitas más con la negra y a la media hora estaba entrando por la puerta de vidrio de Sucessos de la mano de la mejor mina que había visto en persona.

IV

La invité con una batida de amendoim que tenía en la habitación. La tomamos y al toque nos fuimos a la cama. La desnudé y comprobé todo lo que sospechaba, era una diosa, un minón. Bajé al pozo a ver si ese era el problema, si tenía feo olor en la concha, pero no, era una delicia, una conchita riquísima. La di vuelta y le chupé un poco el culo y también estaba impresionante. Subí súper entusiasmado, me iba a echar el polvo de mi vida, pero cuando la morena me fue a abrazar me vino un aire ácido a la cara, me pareció que un fuego me quemaba las cejas. De sus axilas salía un olor nauseabundo, agrio, como si uno sacara del agujero de una muela careada un pedazo de aceituna que estuvo allí unos meses. Intenté sobreponerme y olvidar el olor, pensar en otra cosa y cojerme ese cuerpo monumental, pero fue imposible, toda la habitación estaba invadida de ese aire que me hacía lagrimear los ojos. Tuve ganas de llorar, y creo que lo hice. Le dije a la morena que me disculpara, que en realidad no me gustaban las mujeres, que me la llevé para aparentar hombría con mis compañeros pero que ahora se fuera. Le pagué un taxi y esa noche dormí en el pasillo, la habitación estaba inhabitable. Al otro día, al llegar a la práctica, mis compañeros me habían dejado en mi casillero del vestuario un desodorante en barra Palmolive, una pastilla de water y una carta que decía: “Galán, dale otra oportunidad”.

La voz


Parecíamos una de esas películas que pasan los sábados de tarde en canal 12, donde se necesitan 5 o 6 boludos para capturar a un tipo en apariencia sencillo de atrapar. El Ford Corcel del 78 nos contenía como una bolsa de nylon a punto de romperse por la presión del agua y los pescaditos. Afuera el calor aflojaba el alquitrán de los remiendos del pavimento y adentro del auto la situación era esta: en el volante el dueño del Corcel, Rómulo Benetti, vinculado al sindicato metalúrgico, desde un primer momento me acompañó en todos mis proyectos, desde los bailes en el Montevideo Rowing hasta la formación de la orquesta, cumple funciones logísticas fundamentales para el buen rumbo de nuestros emprendimientos; atrás Esteban García Castro, fuma nervioso y logra asesinar el poco oxígeno que el desodorante barato de Benetti habìa dejado vivo, es el presidente del club Cerromar, club que tiene actividades de Baby fútbol y también actividades de pesca, en este momento está con el culo entre las patas porque en base a una campaña con énfasis en la anticorrupción, corre riesgos de peder las elecciones con el candidato opositor Marco Antonio Scotto, el hombre bancado por la comunidad lituana por estar casado con la hija de Sidrunas, el carnicero con más poder en el Cerro; por último los hermanos Alberto, uno es el ex timbalero de la orquesta, relegado ahora a la labor de utilero por su progresivo mal de Parkinson, el otro, que se desempeñaba como director técnico de de la categoría churrinches del Cerromar, es el actual timbalero. En el asiento de acompañante, coordino toda la acción como dueño de la orquesta tropical más importante de la región oeste.

Es un día muy importante para nosotros, después de una condena de seis años sale de la cárcel el vocalista principal de la orquesta. Su arresto fue un golpe durísimo para el grupo. Llegó en lo más alto de nuestra popularidad, cuando éramos disco de oro antes de sacar los discos a la calle. En un primer momento pensé que podía servir como publicidad el hecho de tener un mártir en la banda, que todo el mundo iba a comprara nuestros discos para ver cómo nos arreglábamos sin el, que ese juego iba a generar una polémica sobre si estábamos mejor o no que se traducía en ventas desenfrenadas. Nada de eso sucedió, y en un acto extraño de lealtad al caído, la gente empezó a darnos la espalda, las familias no compraban nuestros discos por miedo a estar apoyando un ejemplo negativo para la sociedad, las fiestas benéficas dejaron de invitarnos, muchas radios ya no pasaban nuestros temas. Solo quedamos recluidos al circuito de bailes los fines de semana pero no era lo mismo. Los otros cantantes, mitad por solidaridad con el compañero, mitad porque otras orquestas aprovecharon nuestra recaída, se marcharon a otros conjuntos. Cuando comenzó el éxodo cometí el grave error de no luchar por retenerlos, sentía que se iban a arrepentir y a volver a pedirme nuevamente ser parte de la orquesta. Pensé que solo era una cuestión de cambiar nombres y traje a unos botijas que pintaban bien en los grupos más importantes del carnaval, especialmente del paroxismo. Mataba dos pájaros de un tiro, eran más baratos y más jóvenes que los otros por lo que también se podía explotar el tema de la imagen con las mujeres. Pero no. Todo se empezó a desmoronar, la gente quería la orquesta de antes y yo no podía hacerlo posible. Fue muy gil de mi parte no haberme dado cuenta de que la gente no tenía la lealtad de un fan a su orquesta favorita, sino la de un devoto a su santoral.

- Dale che, hoy te toca a vós

Volver a cantar, no, buscar otra cosa, mi familia creo que quedó hecha mierda, en realidad capaz que esto le sacó el velo a algo que andaba mal, pero no se desde hace cuánto, no se, los primeros años de la orquesta, actuar en los cabaret de la Aduana por tres pesos para pagar la ropa, abrir el show de los travestis que venían después que nosotros y que hacían humor verde mientras se desnudaban absolutamente borrachos, la vez que me fui con Rosa aquel travesti recién llegado de Artigas y amanecimos juntos y luego nos fuimos a desayunar a la escollera un litro de vino suelto y una flauta, ese día unos pescadores nos vieron cojiendo como nunca, y no la vi más, el éxito, las radios, el brillo en las hombreras, las giras, la vez que una tipa de Florida me chupó la pija hasta Montevideo en la combi de los cantantes, mis hermanos mirando, después se la enfiestaron en el hotel mientras dormía vestido, la limusina y la vez que le di la cabeza contra el piso a aquel chupaverga que me dijo que se me había llenado el culo de papelitos en la cantina del Progreso, mi primo Marcos a las 4 de la mañana con el revolver aún caliente pidiendo refugio con un susto bárbaro, la vez que me lo propuso el jefe, el amigo, el negocio no podía fallar, teníamos para todo el año, y para mover en la interna, la vez que llegó, los pisos de mi casa que eran de madera, ni lo dudé, me podía comprar mil casas con pisos de madera, los pibes, mi familia, mi gente, mi barrio, todos tranquilos, hasta yo, el último baile en Toledo chico, canté como nunca más de 6 temas, energía de ganador, superhombre, no habían pasado más de media hora del momento en que me acosté, las patadas en la puerta, fueron directo al piso de madera, me metieron en calzoncillos en la camioneta, los vecinos no me habían visto nunca en calzoncillos, hicieron mucho ruido para que el barrio despertase, su hijo pródigo en calzoncillos y cagado a patadas en el culo, el que me recibió en jefatura me pidió un autógrafo, yo estaba tranquilo, él iba a solucionar todo, pronto iba a venir, dormí cagado de frío pero tranquilo, él vendría, los días pasaron y no vino nadie, a todos los vi en el juzgado, cagados, achicados, pollitos viendo el espiedo, me pedían una soga, yo estaba esposado contra mi había pruebas, contra ellos no, él no vino, él declaró que no sabía, a mis amigos les dolió, lo supe, no podía arrastrarlos conmigo a la mierda, pedían una soga, pollitos, miedo, desfigurados, superhombres meados, ojeras anti estéticas, la contracara del pasado glorioso de galanes latinos, eran más pibes que yo, eran muy pibes, todo lo que encontraron es mío, ellos no tienen nada que ver, el silencio absoluto, mi mejor canción, la patada en el culo, el traslado, la celda, las visitas, los presos cantaban mejor que yo mis canciones, las visitas, él no vino, pasó el tiempo y no lo veía, al tiempo digo, un día visita, él vino, armar la orquesta nuevamente, como si nada hubiera pasado, le comentaron que estaba por salir, me pasa a buscar y empezamos de cero, borremos el pasado, dale, vamo arriba, los días rápidos, el guarda que dice, dale che, hoy te toca a vos.

Casualmente todos teníamos camperas de cuero. A pesar de los casi 32 grados que hacen a esta hora todos elegimos las camperas de cuero para venir a la puerta de la cárcel. Parecemos unos boludos todos con las mismas camperas, queriéndonos hacer los agentes secretos de alguna polivía secreta de cuarta. Rómulo llevó lo grotesco a límites inimaginables, la trajo puesta arriba de la piel desnuda, abierta y con las mangas remangadas, parece un cantante de pop portorriqueño de los años 80. Su pecho larga agua a chorros y brilla como un pescado de río, tiene ese color amarronado de los peces de agua turbia. Esteban sigue fumando y todo empeora porque las ventanillas de atrás están rotas. Planea cagarle a tiros el frente de la casa al Scotto para que se le vayan las pavadas, dice que si gana las elecciones va a traer un técnico extranjero para la divisional más grande del club, algún brasileño, que ya tiene apalabrado a Edu Marangón, que lo conoce de la época de Nacional porque en esa época el tenía una whiskería en Punta de Rieles a dónde el flaco jugador asistía, y un montón de cosas más que me pierdo de escuchar porque siento un auto que estaciona a unos veinte metros de nosotros. Mirá, le digo a Benetti, qué, me responde, un Dodge, yo tenía un dodge dice el menor de los Alberto, con ese auto recorrí todo el litoral, no sabés, me garchaba a una mina en Salto, la hermana del guacho este que jugaba en la sub 20 y que se quebró toda la pierna contra Kenya… Me distraigo nuevamente con el pecho de Benetti, el Dodge paró y no bajó nadie, deben venir a buscar a alguien me dice el Alberto grande, debe ser día de liberación me dice y mueve el brazo dejando ver un tajo en su campera de cuero que hasta ese momento parecía la más prolija. Esteban prende otro pucho y se le cae en los pies, pero no puede agarrarlo porque atrás no hay lugar, se mueven como en el Rock and Samba los tres del fondo pero no pueden agarrarlo. Benetti grita, mirá, mirá, ahí sale.

Ahí está él, sus amigotes, los míos, de pronto recuerdo todo, las lentejuelas, el sudor, el olor que tenía mi traje, la vez que hice que una mina lamiera las axilas del traje, la vez que lo hizo y después terminó embatatada en mi casa mientras mi vieja dormía en el sillón porque me había venido a visitar desde Rivera, ahí está él, los días que pasaron desde la última vez que vino y todo nuevamente, armar la orquesta nuevamente, como si nada hubiera pasado, le comentaron que estaba por salir, me pasa a buscar y empezamos de cero, borremos el pasado, dale, vamo arriba, el juzgado, mis amigos, él, la propuesta, empezar de cero, la gente me pide, decía, la gente le pregunta por mí, al otro día otra llamada, el Américo, la orquesta rival, nunca me hizo nada, lo aprecio, venite conmigo, más guita, la orquesta aquella no exuiste, ya fue, tus amigos se fueron, uno está conmigo, el me habló de vos, yo no sabía que ya te largaban, para mi es un sueño, siempre quise tenerte en la mía, podemos hacer algo nuevo, él te dejó tirado, otra cosa, el público cambió, aquella propuesta hoy no cuadra, miremos para adelante, su cadenita hacía ruido en el teléfono, te doy guita en la mano y después por toque, tu amigo me habló de vos, no lo dejes tirado, quiere volver a cantar contigo, el otro se largó de solista, ya está si vos venís con nosotros podemos llamar al otro y volver a unir al trío de cantantes, pero ahora las figuras son ustedes, el poder es de ustedes, yo lo quiero tener conmigo, y el Dodge aquel que es el suyo, jodido de chapa, desde donde me saluda sacando la mano, el brazo desnudo, yo salí de campera de cuero, no encaré con la elección, hace calor, más cerca el auto de él, se baja, camino hacia el, allá el Dodge del otro, más acá él con su sonrisita cursi me mira avanzar, me acerco, el otro sigue adentro del auto, éste de acá me mira llegar a él, me extiende la mano, me dice, de vuelta a casa.

Estamos en silencio y no sabemos qué decir. El Dodge desapareció con mi cantante. Llegó hasta mí y me hizo una bajada de cabeza. Ahora quedó una nube de polvo que se pega como brillantina en el pecho de Benetti. “Fue porque no había lugar para él” dice el menor de los Alberto entre el olor a cuerina quemada.

lunes 11 de octubre de 2010

La vida de Egidio contada por Yesty Prieto

Egidio nació en el medio de la selva
de chico ya cortaba cocos con la verga

cuando tenía pocos años
sus padres raudos se marcharon
a Nepal tras el negocio del contrabando
de niquel y espuma plast

Egidio fue criado entonces
por una mamá gacela y
un papá helecho

jugando a la pelota entre la vegetación
dejaba surcos en la superficie
al correr con la poronga colgando
-el movimiento circular que describía en el aire esa maravilla cárnica al correr Egidio y que culminaba con el choque de su glande fucsia con la tierra húmeda era igual a una canción de Lía Crucet o a los poemas que nunca mostró Jeff Granger.

El patito aguilera alquiló
un chalecito en el
campo y quiso conocer
pues le hablaron
al creador de esos surcos
como los de ovnis en
los campos de trigo

Egidio exigió a) una negra culona
b) probar la malta
y c) un bungaló en Neptunia

cuando debutó en Peñarol
tenía 12 años y 3 hijos

cuando lo citaron a la selección
una garcha 3 cms. más ancha

cuando fue al mundial de Sudáfrica
pidió que se la cortaran
y la enterraran en el Soccer City

Volvió a Uruguay
y fue recibido como un héroe

hoy hace covers del Cuarteto Imperial
y enseña en los jardines de infantes
el arte del fútbol
y el de coger de dorapa

martes 11 de mayo de 2010

Conjunto Casino

los relajados usan gorrito para atrás
y hacen salir
por el agujero
de los dientes perdidos
las lenguas amarronadas de
chupar culo sudado

atemorizan a la sociedad
sodomizan viejas
afanan fundaciones de beneficencia
cagan en las cunas de las nursery
no avisan cuando están por largar la leche
y no conformes obligan a tragar

pero un día se cogen
al novio pre-adolescente del obispo
lo penetran todos a la vez
y luego le untan la cara y el pechito blanco
de leche espesa y picante

dios, ofuscado, los transforma
en trompetas y trombones

ahora están en un conjunto
que envuelve de modo hipnótico
a quien escucha esas melodías
tornándolas lascivas y sórdidas

ahora se vengan de dios
haciéndole ver al mundo
lo inconveniente de creer
en un dios virgen

Karibe con K

El cubano de América engendró
en el sudor de sexo de mujeres
de culo explosivo
extraído cuidadosamente de
vaqueros nevados
un hijo que no reconoció

un hijo que le terminó garchando
no solo a las vecinas del barrio
y a sus madres y abuelas
sino a su mujer (o sea la madre)
y hasta a la madre de su madre
a quien también cojió

las amaba
lamiendo suavemente
sus orejas
les esparcía desde el ano
hasta el cuello
el semen que no parecía semen
sino savia Wonder Tex
y luego las penetraba lentamente
y con dominio total de las venas de la verga
las hinchaba y deshinchaba
para hacerlas llorar sangre de placer

Cufós era Perón
Gerardo era Lennon
Yesty era José Gervasio Artigas

juntos crearon la música
que se genera en el cielo
cuando dos ángeles
hacen un 69

Denis Elias

Cabalga entre bosques de
anacahuitas y gomeros
enhiesto sobre su corcel del 83
cabellera negra rizada dejando
mágicamente una estela de shampoo Windsor
dispuesto a rescatar
algo que haya que rescatar
el príncipe de la corte

Por parte de padre el linaje
del Euskaro, el Tropicolonia
y el palacio Sudamérica

Por parte de madre la sangre nueva
Macarena, Cabildo y Mariachi.

Cuando llega a la torre ve una mujer
armadura y minifalda
y al no poder decidir si
es alguien para rescatar
o una con ganas de coger
elige dignamente las dos

mientras la desnuda canta
alguna canción del Beto Núñez
cuando la penetra
en la atmósfera suena una plena ortodoxa
y sin darse cuenta
es convertido en un par de pailas
y es tocado
después en un viento
y es soplado

cuando vuelve en sí
estaba siendo penetrado
su pija adentro de quien le
estaba clavando la pija
la mujer no era una mujer
sino mucho más

era Karibe
y en ese momento
Denis había sido elegido
como uno de aquellos
que también seguirían
escribiendo las nuevas páginas
del antiguo libro

jueves 11 de marzo de 2010

Dice David

que las cervezas en su pais
son casi escudos de provincia

que Poyet es el jefe supremo
de la motivación zaragozana

que aquí solo hay tias guapas
y poetas

que titula sus libros
con frases porque si

que tom lupo no entendió
que leon felipe no le pintaba

que sabe
-y esta en lo cierto-
que el Clase A es un ovni
en que recorremos con sidra tibia
las galaxias de la
cumbia lunática