Parecíamos una de esas películas que pasan los sábados de tarde en canal 12, donde se necesitan 5 o 6 boludos para capturar a un tipo en apariencia sencillo de atrapar. El Ford Corcel del 78 nos contenía como una bolsa de nylon a punto de romperse por la presión del agua y los pescaditos. Afuera el calor aflojaba el alquitrán de los remiendos del pavimento y adentro del auto la situación era esta: en el volante el dueño del Corcel, Rómulo Benetti, vinculado al sindicato metalúrgico, desde un primer momento me acompañó en todos mis proyectos, desde los bailes en el Montevideo Rowing hasta la formación de la orquesta, cumple funciones logísticas fundamentales para el buen rumbo de nuestros emprendimientos; atrás Esteban García Castro, fuma nervioso y logra asesinar el poco oxígeno que el desodorante barato de Benetti habìa dejado vivo, es el presidente del club Cerromar, club que tiene actividades de Baby fútbol y también actividades de pesca, en este momento está con el culo entre las patas porque en base a una campaña con énfasis en la anticorrupción, corre riesgos de peder las elecciones con el candidato opositor Marco Antonio Scotto, el hombre bancado por la comunidad lituana por estar casado con la hija de Sidrunas, el carnicero con más poder en el Cerro; por último los hermanos Alberto, uno es el ex timbalero de la orquesta, relegado ahora a la labor de utilero por su progresivo mal de Parkinson, el otro, que se desempeñaba como director técnico de de la categoría churrinches del Cerromar, es el actual timbalero. En el asiento de acompañante, coordino toda la acción como dueño de la orquesta tropical más importante de la región oeste.
Es un día muy importante para nosotros, después de una condena de seis años sale de la cárcel el vocalista principal de la orquesta. Su arresto fue un golpe durísimo para el grupo. Llegó en lo más alto de nuestra popularidad, cuando éramos disco de oro antes de sacar los discos a la calle. En un primer momento pensé que podía servir como publicidad el hecho de tener un mártir en la banda, que todo el mundo iba a comprara nuestros discos para ver cómo nos arreglábamos sin el, que ese juego iba a generar una polémica sobre si estábamos mejor o no que se traducía en ventas desenfrenadas. Nada de eso sucedió, y en un acto extraño de lealtad al caído, la gente empezó a darnos la espalda, las familias no compraban nuestros discos por miedo a estar apoyando un ejemplo negativo para la sociedad, las fiestas benéficas dejaron de invitarnos, muchas radios ya no pasaban nuestros temas. Solo quedamos recluidos al circuito de bailes los fines de semana pero no era lo mismo. Los otros cantantes, mitad por solidaridad con el compañero, mitad porque otras orquestas aprovecharon nuestra recaída, se marcharon a otros conjuntos. Cuando comenzó el éxodo cometí el grave error de no luchar por retenerlos, sentía que se iban a arrepentir y a volver a pedirme nuevamente ser parte de la orquesta. Pensé que solo era una cuestión de cambiar nombres y traje a unos botijas que pintaban bien en los grupos más importantes del carnaval, especialmente del paroxismo. Mataba dos pájaros de un tiro, eran más baratos y más jóvenes que los otros por lo que también se podía explotar el tema de la imagen con las mujeres. Pero no. Todo se empezó a desmoronar, la gente quería la orquesta de antes y yo no podía hacerlo posible. Fue muy gil de mi parte no haberme dado cuenta de que la gente no tenía la lealtad de un fan a su orquesta favorita, sino la de un devoto a su santoral.
- Dale che, hoy te toca a vós
Volver a cantar, no, buscar otra cosa, mi familia creo que quedó hecha mierda, en realidad capaz que esto le sacó el velo a algo que andaba mal, pero no se desde hace cuánto, no se, los primeros años de la orquesta, actuar en los cabaret de la Aduana por tres pesos para pagar la ropa, abrir el show de los travestis que venían después que nosotros y que hacían humor verde mientras se desnudaban absolutamente borrachos, la vez que me fui con Rosa aquel travesti recién llegado de Artigas y amanecimos juntos y luego nos fuimos a desayunar a la escollera un litro de vino suelto y una flauta, ese día unos pescadores nos vieron cojiendo como nunca, y no la vi más, el éxito, las radios, el brillo en las hombreras, las giras, la vez que una tipa de Florida me chupó la pija hasta Montevideo en la combi de los cantantes, mis hermanos mirando, después se la enfiestaron en el hotel mientras dormía vestido, la limusina y la vez que le di la cabeza contra el piso a aquel chupaverga que me dijo que se me había llenado el culo de papelitos en la cantina del Progreso, mi primo Marcos a las 4 de la mañana con el revolver aún caliente pidiendo refugio con un susto bárbaro, la vez que me lo propuso el jefe, el amigo, el negocio no podía fallar, teníamos para todo el año, y para mover en la interna, la vez que llegó, los pisos de mi casa que eran de madera, ni lo dudé, me podía comprar mil casas con pisos de madera, los pibes, mi familia, mi gente, mi barrio, todos tranquilos, hasta yo, el último baile en Toledo chico, canté como nunca más de 6 temas, energía de ganador, superhombre, no habían pasado más de media hora del momento en que me acosté, las patadas en la puerta, fueron directo al piso de madera, me metieron en calzoncillos en la camioneta, los vecinos no me habían visto nunca en calzoncillos, hicieron mucho ruido para que el barrio despertase, su hijo pródigo en calzoncillos y cagado a patadas en el culo, el que me recibió en jefatura me pidió un autógrafo, yo estaba tranquilo, él iba a solucionar todo, pronto iba a venir, dormí cagado de frío pero tranquilo, él vendría, los días pasaron y no vino nadie, a todos los vi en el juzgado, cagados, achicados, pollitos viendo el espiedo, me pedían una soga, yo estaba esposado contra mi había pruebas, contra ellos no, él no vino, él declaró que no sabía, a mis amigos les dolió, lo supe, no podía arrastrarlos conmigo a la mierda, pedían una soga, pollitos, miedo, desfigurados, superhombres meados, ojeras anti estéticas, la contracara del pasado glorioso de galanes latinos, eran más pibes que yo, eran muy pibes, todo lo que encontraron es mío, ellos no tienen nada que ver, el silencio absoluto, mi mejor canción, la patada en el culo, el traslado, la celda, las visitas, los presos cantaban mejor que yo mis canciones, las visitas, él no vino, pasó el tiempo y no lo veía, al tiempo digo, un día visita, él vino, armar la orquesta nuevamente, como si nada hubiera pasado, le comentaron que estaba por salir, me pasa a buscar y empezamos de cero, borremos el pasado, dale, vamo arriba, los días rápidos, el guarda que dice, dale che, hoy te toca a vos.
Casualmente todos teníamos camperas de cuero. A pesar de los casi 32 grados que hacen a esta hora todos elegimos las camperas de cuero para venir a la puerta de la cárcel. Parecemos unos boludos todos con las mismas camperas, queriéndonos hacer los agentes secretos de alguna polivía secreta de cuarta. Rómulo llevó lo grotesco a límites inimaginables, la trajo puesta arriba de la piel desnuda, abierta y con las mangas remangadas, parece un cantante de pop portorriqueño de los años 80. Su pecho larga agua a chorros y brilla como un pescado de río, tiene ese color amarronado de los peces de agua turbia. Esteban sigue fumando y todo empeora porque las ventanillas de atrás están rotas. Planea cagarle a tiros el frente de la casa al Scotto para que se le vayan las pavadas, dice que si gana las elecciones va a traer un técnico extranjero para la divisional más grande del club, algún brasileño, que ya tiene apalabrado a Edu Marangón, que lo conoce de la época de Nacional porque en esa época el tenía una whiskería en Punta de Rieles a dónde el flaco jugador asistía, y un montón de cosas más que me pierdo de escuchar porque siento un auto que estaciona a unos veinte metros de nosotros. Mirá, le digo a Benetti, qué, me responde, un Dodge, yo tenía un dodge dice el menor de los Alberto, con ese auto recorrí todo el litoral, no sabés, me garchaba a una mina en Salto, la hermana del guacho este que jugaba en la sub 20 y que se quebró toda la pierna contra Kenya… Me distraigo nuevamente con el pecho de Benetti, el Dodge paró y no bajó nadie, deben venir a buscar a alguien me dice el Alberto grande, debe ser día de liberación me dice y mueve el brazo dejando ver un tajo en su campera de cuero que hasta ese momento parecía la más prolija. Esteban prende otro pucho y se le cae en los pies, pero no puede agarrarlo porque atrás no hay lugar, se mueven como en el Rock and Samba los tres del fondo pero no pueden agarrarlo. Benetti grita, mirá, mirá, ahí sale.
Ahí está él, sus amigotes, los míos, de pronto recuerdo todo, las lentejuelas, el sudor, el olor que tenía mi traje, la vez que hice que una mina lamiera las axilas del traje, la vez que lo hizo y después terminó embatatada en mi casa mientras mi vieja dormía en el sillón porque me había venido a visitar desde Rivera, ahí está él, los días que pasaron desde la última vez que vino y todo nuevamente, armar la orquesta nuevamente, como si nada hubiera pasado, le comentaron que estaba por salir, me pasa a buscar y empezamos de cero, borremos el pasado, dale, vamo arriba, el juzgado, mis amigos, él, la propuesta, empezar de cero, la gente me pide, decía, la gente le pregunta por mí, al otro día otra llamada, el Américo, la orquesta rival, nunca me hizo nada, lo aprecio, venite conmigo, más guita, la orquesta aquella no exuiste, ya fue, tus amigos se fueron, uno está conmigo, el me habló de vos, yo no sabía que ya te largaban, para mi es un sueño, siempre quise tenerte en la mía, podemos hacer algo nuevo, él te dejó tirado, otra cosa, el público cambió, aquella propuesta hoy no cuadra, miremos para adelante, su cadenita hacía ruido en el teléfono, te doy guita en la mano y después por toque, tu amigo me habló de vos, no lo dejes tirado, quiere volver a cantar contigo, el otro se largó de solista, ya está si vos venís con nosotros podemos llamar al otro y volver a unir al trío de cantantes, pero ahora las figuras son ustedes, el poder es de ustedes, yo lo quiero tener conmigo, y el Dodge aquel que es el suyo, jodido de chapa, desde donde me saluda sacando la mano, el brazo desnudo, yo salí de campera de cuero, no encaré con la elección, hace calor, más cerca el auto de él, se baja, camino hacia el, allá el Dodge del otro, más acá él con su sonrisita cursi me mira avanzar, me acerco, el otro sigue adentro del auto, éste de acá me mira llegar a él, me extiende la mano, me dice, de vuelta a casa.
Estamos en silencio y no sabemos qué decir. El Dodge desapareció con mi cantante. Llegó hasta mí y me hizo una bajada de cabeza. Ahora quedó una nube de polvo que se pega como brillantina en el pecho de Benetti. “Fue porque no había lugar para él” dice el menor de los Alberto entre el olor a cuerina quemada.